El Arco de la Calzada: la historia del símbolo que define a León
Entre leones, versos y nombres cambiantes, el Arco de la Calzada lleva más de un siglo siendo la postal y el punto de encuentro de León.
Casi todos los leoneses tienen una foto bajo el Arco de la Calzada: de la primera comunión, de la graduación, de un paseo familiar. Pocos, en cambio, conocen la historia de este monumento que ha cambiado de nombre, de adornos y hasta de león a lo largo de más de cien años.
Un arco para celebrar la Independencia
De acuerdo con la crónica publicada por Milenio, el gobierno municipal proyectó el arco en 1893 para conmemorar el 83 aniversario del inicio de la Independencia. El diseño se atribuye al ingeniero Pedro Tejada, y la obra avanzó lentamente por falta de presupuesto. Esa primera versión se levantó con materiales modestos, como cemento y cartón.
Aquí conviene una aclaración honesta: las fuentes consultadas no coinciden del todo en la fecha. Algunas ubican el origen del monumento en 1893 y otras hablan de 1896, e incluso hay quien lo relaciona con una visita del presidente Porfirio Díaz. Lo más probable es que se mezclen el proyecto original, la construcción y las inauguraciones o remodelaciones posteriores. Para una fecha definitiva, el mejor camino es el Archivo Histórico Municipal.
Los nombres del arco
Primero se le llamó Arco Aldama, en honor a Juan Ignacio Aldama, insurgente a quien León debe además su nombre oficial de "León de los Aldama". Más tarde se le conoció como Arco de la Paz, y con el tiempo se impuso el nombre más cercano a la gente: Arco de la Calzada, porque está sobre la Calzada de los Héroes. Su estilo es neoclásico, con una silueta sobria que se reconoce desde lejos.
El león y los versos
Según Milenio, en 1945 el empresario Francisco Lozornio Castillo costeó un modesto león de mampostería que coronó el monumento. En 1958, tras una colecta de 45 mil pesos, se instaló un león de bronce obra del escultor Humberto Peraza. El primer león fue trasladado después a las afueras del Zoológico de León.
Otro detalle poco conocido: en los cuatro pilares del arco hay un poema atribuido a David Gutiérrez de Velazco. Cuenta la crónica que la policía borraba los versos que él escribía con gis, hasta que las autoridades decidieron grabarlos de manera permanente, a finales de la década de 1940.
Cómo vivirlo hoy
El arco se encuentra frente al Jardín de los Niños Héroes y sigue siendo punto de reunión, de celebraciones y de postales. Si pasas por ahí, haz una pausa y busca tres cosas: el león de bronce, los versos grabados en los pilares y las líneas neoclásicas del conjunto.
Y la próxima vez que alguien diga que León no tiene historia, llévalo a pararse bajo el arco. Es una buena manera de recordar que una ciudad también se cuenta con sus monumentos cotidianos, esos que miramos tanto que ya no los vemos.