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Cine · Historia · 3 de noviembre de 2026

Los olvidados: la película mexicana que Buñuel hizo incómoda

Estrenada en 1950, Los olvidados fue rechazada en México y premiada en Cannes. Hoy es Memoria del Mundo de la UNESCO. Te contamos por qué sigue importando.

Hay películas que se hacen para gustar y otras que se hacen para incomodar. Los olvidados, de Luis Buñuel, pertenece a las segundas, y por eso sigue viva. Se estrenó en México el 9 de diciembre de 1950 y, aunque buena parte de la crítica nacional la recibió con dureza, un año después el Festival de Cannes premió a su director. En 2003, la UNESCO la inscribió en el registro Memoria del Mundo. No está mal para una cinta que muchos quisieron olvidar.

Un español en el cine mexicano

Conviene recordar el momento del cine nacional. En 1950 la industria mexicana vivía su llamada Época de Oro, con comedias, rancheras y melodramas que llenaban las salas. En ese ambiente, una película que renunciaba al consuelo era una apuesta arriesgada, y justamente por eso se volvió histórica.

Buñuel, aragonés y figura del surrealismo, llevaba años en México cuando el productor Óscar Dancigers le propuso dirigir otra película, tras el éxito de la comedia El gran calavera (1949). El resultado fue un guion escrito junto con Luis Alcoriza sobre niños y adolescentes que sobreviven en la pobreza de la Ciudad de México. La fotografía es de Gabriel Figueroa, y el reparto incluye a Estela Inda, Miguel Inclán, Alfonso Mejía y Roberto Cobo. El presupuesto fue modesto: 450,000 pesos.

La cinta se rodó en estudios y en calles reales de la capital. Su mirada no consuela ni moraliza: muestra la miseria sin idealizarla, y a sus personajes jóvenes con una complejidad que no cabía en el cine de la época, tan inclinado al melodrama amable.

Entre el rechazo y el reconocimiento

El estreno fue difícil. Buena parte de la crítica mexicana de entonces la descalificó, y la película no encontró el aplauso que hoy parece obvio. Todo cambió cuando la película llegó a Cannes en abril de 1951 y Buñuel ganó el premio a la mejor dirección. De ser una cinta incómoda pasó a ser considerada una obra mayor del cine mexicano y mundial.

Hay un detalle que explica su estilo. Aunque es un drama social casi documental, incluye una secuencia onírica de aire surrealista, que según se documenta se filmó al revés y luego se invirtió en la edición para lograr un efecto extraño. Es la firma de Buñuel dentro de un cine realista.

Una película que se salvó

El negativo original se conserva en la Filmoteca de la UNAM, que gestionó el reconocimiento de la UNESCO en 2003. En 2002 apareció en los archivos de la UNAM un final alternativo, más complaciente, que se volvió a proyectar en 2005. En 2019 se presentó en Cannes una versión restaurada digitalmente, trabajo coordinado por el World Cinema Project de The Film Foundation y el laboratorio L'Immagine Ritrovata, con apoyo de la Cineteca Nacional y la Filmoteca de la UNAM.

Qué mirar cuando la veas

  • La luz y los encuadres de Figueroa. El mismo fotógrafo de tantas postales del cine mexicano aquí retrata la ciudad con crudeza.
  • Los personajes. Pedro, interpretado por Alfonso Mejía, y El Jaibo, a cargo de Roberto Cobo, no son héroes ni villanos de caricatura.
  • El sueño. La secuencia onírica es el momento en que Buñuel deja asomar su formación surrealista.

Para cerrar

Si nunca la has visto, conviene verla sin prisa y sin distracciones: es una película breve y no necesita contexto previo. Si ya la conoces, vuelve a ella con una pregunta: ¿qué ha cambiado para los niños de nuestras ciudades desde 1950? La película no da respuestas, pero sigue siendo una de las mejores maneras de hacer la pregunta.

Fuentes

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